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jueves, 31 de marzo de 2011

jugando con el fuego mortal del tema marítimo, el MAS logró revertir por el momento el debate sacándolo del narcoescándalo y de la expulsión de USAID. los analistas inciden en el indiscriminado manejo de la propaganda. se navega en aguas procelosas.

En pocas horas, el país ha pasado de ser el origen de una banda de narcotraficantes que tiene contactos en lo más alto del poder político a ser el país que anuncia juicios en tribunales internacionales sobre antiguas demandas territoriales.
El país mira con estupor este deslumbrante juego de luces que cambian con demasiada frecuencia, pero que impiden mirar lo que realmente está ocurriendo, que es una grave crisis de la cual los bolivianos tardaremos mucho tiempo en salir, si es que llegáramos a hacerlo.
Un muy eficiente equipo de propaganda parece haber tomado el control de la situación, cambiando escenografías con movimientos de hábil  prestidigitador, lo único eficiente que se observa en el nivel de la toma de decisiones.
Mientras esta sucesión de golpes de efecto retiene la atención de los ciudadanos, los asuntos realmente importantes siguen sin solución y –peor todavía- se van agravando cada día.
La improvisación y el caos predomina en todas las áreas, con resultados que son disimulados solamente con la propaganda cada vez más intensa o con los efectos de fenómenos internacionales, como los precios de algunas materias primas que el país exporta.
Pero la dieta de los bolivianos depende cada días más de los productos extranjeros y los combustibles que se usan en el país llegan del exterior con precios cada vez más altos, que el Estado debe subvencionar con recursos cada vez más escasos.
El país ha sido definido como un agujero negro para las inversiones, que se obstinan en esperar que se presenten condiciones apropiadas para el trabajo y la libre iniciativa, sin esperanza por el momento.
Una reciente evaluación hecha por el instituto Fraser de Canadá entre alrededor de 500 empresas mineras internacionales dio a Bolivia el penúltimo puesto por sus malas condiciones para las inversiones, sólo mejor que Venezuela.
Las empresas petroleras mantienen una paciente espera de condiciones apropiadas para recomenzar a invertir, sin mover un dedo desde hace cinco años.
La sequía de inversiones en esos dos rubros tiene paralizadas las posibilidades de un verdadero crecimiento económico, mientras el sector agrícola vive la incertidumbre creada por políticas inciertas y actitudes amenazantes.
El parlamento nacional se ocupó la semana pasada de aprobar una ley sobre las fronteras cuya utilidad nadie entiende y ahora se apresta a aprobar otra, para expulsar a USAID del país.
Mientras tanto, las leyes verdaderamente importantes siguen postergadas, como le sucede a las tantas veces anunciadas nuevas leyes de minería y de hidrocarburos. La lucha contra el narcotráfico sigue dependiendo de las iniciativas de otros países, como es el caso de Brasil ahora. Mientras tanto, altos funcionarios de la policía admiten que los cárteles de la droga se han instalado en el país, que ahora avanza a convertirse en el segundo productor de cocaína en Sudamérica, desplazando de ese lugar a Perú.
En estos días, a propósito de la nueva iniciativa sobre la demanda marítima se ha observado un gran desprendimiento de ex presidentes, como Jorge Quiroga o Carlos Mesa, aunque el Gobierno los esté enjuiciando por supuestos delitos del pasado.
Está haciendo falta una convocatoria similar, para corregir los graves errores que aquejan al país, para que todos los bolivianos puedan aportar con ideas, antes de que sea demasiado tarde.

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