martes, 22 de febrero de 2011

la mafia grande se está instalando en Bolivia. el temor de muchos se cumple. gracias a la proliferación de la hoja de coca Bolivia sede de cárteles LP


Es necesario restablecer la conexión de la lucha nacional contra el narcotráfico con la que libran otros miembros de la comunidad internacional. En Barcelona, España, tal como últimamente lo informaran los más influyentes diarios del viejo y nuevo continentes, la Policía cayó sobre una lujosa y potente nave atiborrada de cocaína que habría tocado tierra en Santa Cruz de la Sierra antes de hacerlo en el puerto aéreo de la ciudad española. La tripulaban unos influyentes ciudadanos argentinos con cierto grado de vínculos sociales y comerciales en Bolivia, según se ha llegado a establecer tras las indagaciones preliminares sobre el escandaloso hecho. El caso es que la información aludida aporta detalles reveladores sobre la forma en que ingresan y salen del país prominentes miembros de esa “narcojerarquía” que, conectada a los carteles de México y el Caribe, contrabandea enormes cantidades de drogas con destino final en Europa. Algunos de tales sujetos se establecen en la capital cruceña, alquilan residencias, organizan fiestas en hoteles lujosos y, lo más lamentable, comprometen a muchachas inocentes que con toda seguridad, inicialmente, no tienen la menor idea del tipo de actividad de quienes las halagan circunstancialmente. El episodio demuestra lo desprotegida que está Bolivia frente a las bandas internacionales del narcotráfico, algunos de cuyos miembros entran y salen del país como Sancho por su casa. Cada vez que hechos como el citado adquieren resonancia informativa a escala internacional, la imagen de Bolivia se ensombrece. Recientemente, la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (FELCN) confirmó la existencia de nexos de un cartel colombiano en el país, aunque descartó que alguna de esas organizaciones se haya establecido en territorio nacional. Lo anterior es algo que el Gobierno actual debería tomar en cuenta para concebir y ejecutar después, con absoluta decisión y máxima eficiencia, todo un programa de cierre de fronteras nacionales al narcotráfico internacional. Sabemos lo dificultoso que será conseguir este objetivo de forma total, pero si las cosas se hacen con energía y eficiencia, cuando menos se lo puede reducir en cierta proporción. Al efecto, es imperiosamente necesario restablecer la conexión de la lucha nacional contra el narcotráfico con la que libran otros miembros de la comunidad internacional. En este marco se obtiene información oportuna sobre los movimientos de los narcos de un país a otro y del tráfago que realizan, datos que muchas veces permiten la captura de las bandas de traficantes y la incautación de la “mercadería”. Otro de los retos es asociable a la cuestión de los cocales de Chapare. Allí —es palmaria e incuestionable realidad— se produce coca en volúmenes sensiblemente superiores a la demanda del consumo tradicional interno, yendo a parar el excedente a las plantas clandestinas de producción de cocaína, lugares desde los cuales operadores de baja ralea de los carteles de la droga la sacan de contrabando por las fronteras de casi todos los países vecinos. El Gobierno del Estado Plurinacional tiene que extremar recursos en procura de acabar con el mal antes de que éste dañe irreparablemente la imagen del país que, como ya se lo viene advirtiendo, corre el inminente riesgo de convertirse en un “narcoestado”.

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