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miércoles, 16 de febrero de 2011

la imagen de Evo, entronizado en Tiahuanawu que según Karem Aráuz se encuentra en ruinas. impostura oficial que habla del pasado ruinoso


Aprendí el valor de respetar lo vivido cuando mi nieto de cuatro años, con esa curiosidad inocente y cruel de los niños, pasaba sus deditos sin perder detalle sobre mi rostro. Finalmente disparó las temidas preguntas ¿qué son estas líneas, cómo te las has hecho? ¿Te duelen?
Con rapidez evité el recurso de enseñarle que hay ciertas cosas que no se preguntan, menos a una mujer vanidosa. Echando mano de un espejo de buen aumento, decidí darle una historia a cada una de mis arrugas. A las tres que tengo en la frente, les puse el nombre de mis tres nietos. La más visible le corresponde a él por supuesto. Todas, hasta las menos importantes, tienen también su propia historia. Algún día le contaré sobre las invisibles y más profundas que están en mi cerebro y en mi corazón. Luego, pensando en lo que había sucedido, sentí un gran alivio. Qué bueno es constatar que los acontecimientos no dejan de existir porque sean ignorados. Qué bueno es atesorar y preservar memorias, aunque muchas de ellas nos hubiese gustado que fuesen diferentes.

No sé aún cuáles son las huellas visibles o cuáles las invisibles pero hay constantes que causan ciertos acontecimientos que tienen que ver con ese gran amor que comparto con todos los lectores que es nuestro país. Ésas duelen, y mucho.
Hoy, puntualmente deseo referirme a lo publicado en una impactante crónica reciente del matutino La Razón que extracto a continuación. Las magníficas ruinas de Tiwanaku están abandonadas y el moho está afectando gravemente a las milenarias estructuras. No existe un sistema de drenaje adecuado en la base del templo de Kalasasaya ni en los fosos donde están los Monolitos. La constante humedad está socavando los cimientos. Basura por doquier, muros colapsados. Y no es sólo el exterior. La inspección realizada hace un año atrás por la Ministra de Culturas al Museo Arqueológico, determinó el grave deterioro de la estructura. Un año atrás. Febrero de 2010. Un año entero.

Nueve meses más tarde, una comisión de la UNESCO recomendó a Bolivia acciones para mejorar la protección del sitio. Por si acaso los gobernantes lo ignoren, Tiwanaku, centro ceremonial de la gran cultura del mismo nombre, es Patrimonio de la Humanidad. Su antigüedad es de al menos 1.500 años y existen investigadores y arqueólogos de renombre mundial, que le han otorgado la paternidad de muchas otras culturas americanas posteriores, incluida la Incaica. Este sitio arqueológico habla de una extraordinaria civilización que albergó hasta unos 50 mil habitantes simultáneamente y cuyos conocimientos iban más allá de la astronomía y la ingeniería. Sus grandes aptitudes como productores de alimentos, se cree, podrían proveer de alimentos a la actual población de Bolivia.

Este es el país de los proyectos y de las incoherencias perversas. Mientras se espera un Decreto Supremo que dilucide si ésta es una responsabilidad de la Dirección de Patrimonio o del Gobierno Municipal de Tiwanaku, esta heredad de todos los bolivianos se está dañando irreversiblemente.

En el Museo Lítico no se está haciendo nada. Existe un proceso judicial iniciado por el Ministerio de Culturas a la empresa constructora. Y como no podía ser de otra manera –últimamente siempre hay uno de por medio- el Fiscal de Guaqui no da curso a una inspección y el proceso está paralizado. Mientras, la Ministra trata de olvidar este drama tarareando por las playas de La Habana o preparándose para brillar en Oruro.

¿Será muy complicado pedir asesoramiento a países amigos (no a los íntimos que no tienen idea de lo que es un patrimonio arqueológico) como México, Perú, Guatemala u Honduras entre los vecinos, o a China o Japón, para quienes la preservación de sus tesoros son de trascendental importancia para la memoria y honor de sus naciones? ¿Es que nada les importa más que vivir sus tres minutos de fama? Venga el satélite, así nuestros hijos y nietos verán en vivo y en directo un desolado lugar que alguna vez llenó de asombro y admiración a estudiosos y turistas de todo el mundo.

Hay cosas que son parte de lo verdadero que compartimos como nación y que nos da tremendo orgullo. Y encoleriza la falsedad, la ignorancia y la arrogancia. Recuerdo con verdadero pesar, la burda utilización de un sitio tan caro a nuestro sentimiento boliviano. Nunca antes, a ningún gobierno se le había ocurrido semejante acto de olímpico desprecio al ignorar los graves problemas que lo están afectando. Qué paradójico viniendo de los que se llenan la boca de plurinacionalismo y multiculturalidad.

Ningún boliviano debe olvidar quiénes hoy por hoy, usufructúan Tiwanaku como un simple escenario para la impostura y la destrucción.

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