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martes, 25 de enero de 2011

al ratificar al gabinete Evo Morales está dando una prueba del FRACASO CONFIRMADO de gestión nula. ED de SC

Hacer cambios estructurales en el gabinete hubiera significado para Evo Morales, incurrir en una grave contradicción respecto del paradisiaco panorama que pintó un día antes en casi cuatro horas de discurso, celebrando con feriado, fanfarria y todo, el primer año de vigencia del Estado Plurinacional de Bolivia.

Evo Morales decidió hacerle un maquillaje a su equipo ministerial como para que no quede en nada el pedido que le hicieron distintas organizaciones indígenas y campesinas sobre un golpe de timón en la conducción del Gobierno. En teoría, el presidente ha escuchado al pueblo y le ha hecho caso, cambiando algunos nombres y sobre todo, restableciendo una importante cuota de poder para la Ciudad de El Alto, cuya virulencia se hizo sentir otra vez durante los días del gasolinazo.

El problema del Presidente, a juzgar por el rosario mal hilvanado de cifras, estadísticas y confusión de papeles, es que ya no ve al pueblo. No ve filas para comprar alimentos, no ve la escasez de azúcar, tampoco el precio del pollo y el maíz a 160 bolivianos el quintal. Su realidad pasa por tasas de desempleo que ponen a Bolivia al nivel de países del norte de Europa y que desconocen al 75 por ciento de informalidad. A no ser que se considere trabajo estable y digno contrabandear gasolina en mamaderas o “bicicletear” en las tiendas de Emapa con el azúcar la harina.

El discurso del 22 de enero era la ocasión ideal para iniciar un proceso de recuperación de credibilidad de este régimen, sumido en un pozo de desconfianza, como se puede advertir en el bajísimo nivel de popularidad del presidente Morales. Lamentablemente la opción sigue pasando por reforzar los mitos como el de la nacionalización, las reservas del Banco Central, la baja inflación y el supuesto equilibrio fiscal, percepciones que contradicen el indicador más importante de la economía boliviana, un crecimiento que apenas sobrepasa el 4 por ciento, cuando en Paraguay se ha registrado un 14 por ciento y en el resto de los países vecinos esta cifra ronda el ocho y nueve por ciento.

Cuesta creerle al Primer Mandatario, cuando un par de días antes del 22 de enero se reúne con los empresarios de Santa Cruz para pedirles ayuda para enfrentar la crisis alimentaria y en su discurso vuelve a defenestrarlos y llamarlos “oligarcas”. Evo Morales no dice cómo es que se van a perforar 41 pozos petroleros este año, cuando el 2010 sólo se perforó uno. Recitar números y leer a tropezones los cuadros que le pasaron sus colaboradores no significa establecer una agenda y muchos menos esbozar un plan para enfrentar los problemas de abastecimiento que se avecinan. En el mejor de los casos, la respuesta presidencial fue eludir su responsabilidad y pedir que no le echen la culpa por la situación del país.

Pese a la mezcla de teorías y definiciones que hace, el vicepresidente García Linera es mucho más sincero cuando anticipa un nuevo año de conflictos en el país, a los que prefiere denominar con el disimulado nombre de “tensiones creativas”. Lo hizo a propósito de las protestas por el gasolinazo y seguramente en relación a los nubarrones que se avecinan en el mismo horizonte donde Evo Morales ve un país nadando en diapositivas. Aunque él también se atrevió a abrir el paraguas y pedir que “no haya broncas”. El problema del presidente, a juzgar por el rosario mal hilvanado de cifras, estadísticas y confusión de papeles, es que ya no ve al pueblo. No ve filas para comprar alimentos, no ve la escasez de azúcar, tampoco el precio del pollo y el maíz a 160 bolivianos el quintal. Su realidad pasa por tasas de desempleo que ponen a Bolivia al nivel de países del norte de Europa.[Image]

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