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sábado, 10 de diciembre de 2011

El Deber señala la falta de equilibrio en la presentación pública del informe sobre economía de la CEPAL (Org. de la ONU) que el masismo aprovecha para desinformar ofreciendo sólo lo que le favorece al Gobierno y callando las observaciones. basta ya diplomáticos de dejarse manipular por SEEM

La señora Alicia Bárcena, miembro del directorio de la Cepal (Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe), acaba de hacer una rutilante visita a Bolivia, invitada por el presidente Evo Morales.
Sus exposiciones, ante el jefe de Estado y en otros círculos fueron muy optimistas acerca de la situación económica del país pero sobre todo acerca de la política social que aplica el Movimiento Al Socialismo (MAS).
Dijo que el modelo boliviano era único y también irrepetible, insistiendo en elogiar los programas asistencialistas pero sin aludir a los problemas que tienen los actores económicos por la falta de condiciones apropiadas y las leyes esenciales.
Los bonos que ha creado el Gobierno y aquellos que ha copiado de gobiernos anteriores fueron motivo de elogio de la invitada, aunque pareció no advertir que serían imposibles sin los precios extraordinariamente altos que tienen algunas materias primas de exportación.
Pero la señora Bárcena no hizo referencias a la excesiva concentración que tienen los ingresos en las exportaciones de materias primas y, dentro de ellas, en los excepcionalmente altos precios que registran.
La invitada del Gobierno aludió a la política social pero pareció ignorar que esos recursos llegaron de manera providencial, por causas que escaparon a las decisiones del Órgano Ejecutivo, decisiones que, en cambio, parecían destinadas a ahuyentar los buenos vientos.
Si la señora Bárcena hubiera hablado con algún empresario boliviano, de cualquier sector de la economía legal, hubiera aprovechado su enorme influencia en el Gobierno nacional para pedirle que haga todo lo posible por crear las condiciones ideales para la actividad económica.
Por ejemplo, podía haber comenzado por observar que la Ley de Inversiones lleva seis años sin ser modificada, aunque se anunció que se la cambiaría, lo que creó la sensación de expectativa que, si bien crea esperanzas, también crea dudas y una fuerte decisión de esperar a que los cambios lleguen.
Si la señora Bárcena hubiera conocido algunas estadísticas regionales sabría que las inversiones mineras, por ejemplo, que inundaron los países vecinos, incluido aquel donde ella vive, que es Chile, no llegaron a Bolivia.
Esas inversiones no llegaron a Bolivia porque todos estaban enterados de que cientos de emprendimientos mineros fueron avasallados por grupos de originarios. O porque el Código de Minería sigue estando en proceso de revisión, desde el lejano 2006.
En los días de la visita de la señor Bárcena estaban en curso los apagones de energía eléctrica que afectaron a siete de los nueve departamentos, causados por la falta de inversiones, pero ella pareció ajena a esta realidad, pues se deshizo en elogios a la política económica.
Las organizaciones internacionales tendrían que enviar delegados que sean capaces de observar lo que realmente está ocurriendo en los países que visitan, como hace la FAO, que ha observado la tremenda dependencia de los alimentos importados en la dieta de los bolivianos.
Elogiar los errores sólo para caer simpáticos es algo que deberían evitar los representantes de organizaciones que, en otros momentos, han sido referentes importantes para la toma de decisiones.

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