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jueves, 22 de septiembre de 2016

Alvaro Puente escribe sobre nuestra llajta "El Puente de la Verguenza" cayó cerca de La Cancha, los bloques de cemento quedaron colgando, símbolo de la desidia, la corrupción, la pereza de las autoridades. los que pretendieron cambiar el país conviven con la mediocridad y la mentira. duras críticas a un régimen que ni siquiera castiga a los corruptos. no tiene capacidad ni para el castigo.

Hace meses cayó en Cochabamba un puente cercano al populoso mercado de la Cancha. Ahí quedaron colgando los bloques de cemento. Quedaron como bandera, como símbolo de la corrupción, la desidia y la pereza de las autoridades, como símbolo de nuestros pueblos y de todos nosotros, que hemos hecho las paces con la mediocridad y la mentira, que hemos adormilado la rebeldía.

La verdad es que el símbolo no son solamente los escombros. Todo el puente y su colapso son símbolos nacionales. La gran obra de ingeniería no soportó la carga que debía soportar, no unió las orillas que debía unir. Otra historia más de corrupción, como tantas obras públicas, como tantos servicios públicos.
Diseñaron y calcularon el puente unos ingenieros que no supieron calcular ni diseñar. No tuvieron honestidad para no ofrecer y para no cobrar lo que no eran capaces de dar. Egresaron de una universidad que no los preparó, ni como técnicos ni como personas correctas, pero certificó que eran los expertos que no eran. Un gobierno municipal compró lo que no servía y lo pagó a precio de oro, no porque quería construir la ciudad, sino porque estaban en juego jugosas comisiones. Recibió e inauguró solemnemente la obra, aunque no cumplía las condiciones. Encomendó el trabajo a contratistas que escatimaron hierro y cemento, robaron dimensiones y robaron calidad. Los inspectores de obra no inspeccionaron ni midieron ni comprobaron nada. No vigilaron. No avisaron a tiempo que daban por bueno un puente que era trampa de muerte.

Es el absurdo de las cajas de salud, que nos obligan a pagar para que nos maltraten y nos maten. Son las escuelas que atrofian a nuestros niños. Son las carreteras que destruyen las movilidades. Son los semáforos que no ordenan, sino paralizan. Es la Policía, que no soluciona el delito, sino es parte del problema. Son las cárceles convertidas en escuelas de delincuencia. Son las fábricas de papel donde no hay celulosa o de azúcar, donde no hay caña. Es el sistema judicial inicuo o las leyes laborales que matan puestos de trabajo.

El detalle que faltaba es que los que vinieron a cambiar el país, los que prometieron la nueva Bolivia, conviven con la mediocridad y la mentira. Las riegan, las abonan. Pareciera que una ministra iniciaba procesos judiciales a todos los que nos engañan, a los que roban, pero no. La ministra apedrea a juicios a los disconformes y a los críticos. Nunca se le ocurrió luchar contra la mentira

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