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miércoles, 25 de mayo de 2016

Guillermo Torres en su columna de Los Tiempos se refiere a la urgencia de inversiones, la salud, la educación, la justicia, el respeto a la independencia de poderes...en la nueva etapa que en cuanto a recursos naturales minería, siderurgia, petróleo, gas, agua y otros temas se manifiesta incertidumbre y desconfianza. hora fatal para Bolivia.

Al iniciar esta nueva gestión 2016, después de una década de vigencia del actual Gobierno, con una nueva Constitución, con un nuevo nombre de Bolivia, con precios depauperados para nuestras materias primas y con el resultado de un referendo negativo para las aspiraciones del Presidente y de su acompañante de fórmula, el Vicepresidente, es preciso hacer una evaluación ante esta nueva realidad que muestra nuevas reglas del juego.  
Evaluar hasta qué punto lo que se ha producido es una ruptura con el neoliberalismo, tema tan pregonado por los regímenes de izquierda. Esto ocurrió y exige cautela para no caer en las tramas de la propaganda política. Es interesante advertir la vigencia de las dos izquierdas: la socialdemocracia o la revolucionaria, auténtica o populista, según de que lado se la vea.
Con gran ahínco han defendido el relativo éxito económico, así como la justificación de las diferentes medidas y reformas realizadas y todo esto sólo por la bonanza de los precios internacionales de las materias primas en estos últimos años, lo cual ha hecho posible la implementación de políticas sociales en prácticamente todos los países, aunque con distinto alcance y eficacia.
Los criterios de calificar a los gobiernos como progresistas o anacrónicos, producto de mayor o menor carga de liberalismo económico, nacionalismo o estatismo, no coopera o no ayuda en nada a identificar y, menos a entender, la naturaleza de las diferencias existentes entre los países latinoamericanos.
Esta visión es  ideológica, en el peor sentido, imprecisa conceptualmente y arrogante con el objetivo, y la pretensión de decretar qué regímenes son del pasado y cuáles de vanguardia, de la modernidad, una tarea impropia de quienes aspiran a entender realidades y no a predicar doctrinas.
Peor aún si todas las virtudes y todos los maleficios de los gobiernos son atribuidos exclusivamente a la sensatez o a los desvaríos del Gobierno como causa primera. Por esa vía no se llega a ninguna parte que no sea la tautología, o sea la forma de repetir lo mismo en diferentes formas y de explicar la precaria institucionalidad y la inestabilidad de los actuales regímenes por la acción del jefe máximo y del grupo que lo rodea con su amplio poder de árbitro en la crisis de las instituciones.
La trama doméstica de industrialización, modernización y burocracia no se encuadran en los límites cronológicos de la tercera ola de la democracia ni son fruto de las recientes reformas económicas y políticas, mas aún, ahora que el Gobierno tiene todavía un cheque en blanco hasta el 2019 con las dos terceras partes de apoyo en el Congreso, en el que el pueblo ha confiado su futuro y sus esperanzas en forma casi plebiscitaria. 
En lo referido a los recursos naturales, minería, siderurgia,  petróleo, gas, agua y otros -tema de especialidad de esta columna- no cabe duda que se manifiesta un clima de incertidumbre y de desconfianza por la falta de una política seria, por la falta de garantías jurídicas a las posibles inversiones, sean éstas nacionales o extranjeras, y, lo que es peor, sean estas privadas.
Desde el punto de vista del comportamiento de precios internacionales de hidrocarburos, minerales y metales,  a pesar del fortalecimiento del dólar,  muestra una debilidad  en su importante rol monetario internacional. Lo mismo ocurre hoy en día con las otras monedas, como la libra esterlina, el yen japonés, el euro y otras.
Esta nueva etapa muestra reglas del juego diferentes, lo que requiere  una actitud también nueva. Eso se consigue, necesariamente, con inversiones sustanciales que fortalezcan el Estado, que tienen una misión prioritaria, como ser la salud pública, la educación, la justicia, respetando la independencia de poderes,  la seguridad ciudadana, etcétera,  y que el Estado no vuelva a ser lo que era o que vuelva a hacer helados (PIL).

El autor es ingeniero geólogo y administrador de empresas.

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