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jueves, 29 de octubre de 2015

en tono bastante "ligth" El Deber reclama una "política más seria con los Estados Unidos" la cual muestra una dicotomía persistente. Choquehuanca que quisiera unas relaciones normales y Morales que no deja de agredir al Norte para "obtener réditos en la política interna" una relación normal sería muy conveniente a los intereses nacionales.

Hace mucho tiempo que Bolivia debió normalizar sus relaciones con EEUU porque son convenientes para el país, más allá de diferencias ideológicas o de temores sin fundamento que no hacen sino perjudicarnos. Lo de las ideologías resulta un sinsentido en vista de que Bolivia no pesa en el concierto internacional y por tanto debe buscar solamente su interés. Ya se perdieron varias ocasiones de negocios por esa falsa visión y algunos empresarios nacionales se arruinaron. En cuanto a temores de que Washington tenga intenciones inconfesables contra la actual administración, es algo que más parece producto de la fantasía.

Si el presidente Evo Morales ha viajado a Nueva York para reunirse con empresarios norteamericanos, habrá tenido oportunidad de darse cuenta de que el Gobierno de la Unión no ha puesto un solo obstáculo para que aquello se lleve a cabo, y con seguridad que más bien debe haberle agradado, porque significa una aproximación, aunque el viaje presidencial haya tenido carácter estrictamente privado. Además, si es que instituciones como el BID y el Banco Mundial –además de la CAF–, han financiado el 70% de los gastos de la visita del presidente, es natural que eso se haya realizado con aprobación del Departamento de Estado.

El canciller David Choquehuanca se ha empeñado en normalizar las relaciones con EEUU. Él ha anunciado en más de una oportunidad que el intercambio de embajadores estaba próximo y hasta se llegó a mencionar una posible reunión entre ambos mandatarios. Sin embargo, el presidente Morales ataca permanentemente a EEUU y no deja margen para una aproximación seria. Las arremetidas contra los estadounidenses se suceden sin que tengan otro efecto que el mensaje político –aunque ya obsoleto– que se quiere enviar al pueblo contra las presuntas amenazas del ‘imperio’. Queda la impresión de que para el actual Gobierno es necesario tener a EEUU como enemigo, con la falsa percepción de que así existirá unidad en torno a la política gubernamental.

El presidente ha afirmado que existe seguridad jurídica para las inversiones en Bolivia. Pero se sabe que esa seguridad no será tal, ni causará efecto en quienes inviertan su dinero, si es que la justicia continúa su desastrosa actividad que depende del poder y si las leyes –comenzando por la Constitución Política del Estado– son ignoradas reiteradamente. Bienvenida la inversión extranjera, pero se necesitan, inexcusablemente, reglas claras y estables

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