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viernes, 27 de febrero de 2009

alfonso canelas un ejemplo de dignidad profesional, de amor a la Patria, de honestidad a toda prueba!

Lo conocí el mismo día que Los Tiempos se relanzaba en acto presenciado por el Presidente de la República René Barrientos, su ministro de Educación Hugo Bánzer, las autoridades locales, toda la familia Canelas Tardío excepción de Eduardo que se encontraba en EEUU. aquella fecha me tocó oficiar de maestro de ceremonia, habida cuenta que don Carlos recurrió a Radio Nacional entonces bajo mi responsabilidad para trasmitir y documentar tan importante momento para la vida del periodismo que se recuperaba después de varios años de clausura violenta por milicianos del partido de turno, que entonces como hoy ven en la prensa libre un peligro público y el más serio obstáculo para sus pretensiones autocráticas al margen de la Ley.

Pocas semanas más tarde nos encontramos otra vez, ahora lado a lado en los banquillos de madera de la Universidad Católica que abría sus puertas a los periodistas en ejercicio de su profesión de los periódicos y radioemisoras locales y consiguió llevar adelante el Primer Curso de Comunicación Social, gracias al entusiasmo del sindicato de trabajadores de la prensa impulsado entre otros por los c.c. José Nogales, Alfredo Ferrufino, Oscar Terrazas, Alfredo Medrano lograron interesar a monseñor Genaro Prata sostenedor del diario Presencia y por aquel entonces 1966 arzobispo de Cochabamba, en lograr el financiamiento para un curso completos de Comunicación Social con todos los ingredientes para titular a los nuevos académicos dentro de los cánones internacionales. Alfonso estaba siempre allí, a las nueve de la mañana junto al resto de alumnos unos 30, de los finalmente 14 logramos recibir sendos minutos tres años más tarde de monseñor Clemente Maurer el primer cardenal bolivianos en el Palacio de la Cultura.

Aprendí a conocerlo siempre afable, serio, entregado a los estudios y receptivos a todas nuestras inquietudes, quién hubiera podido pensar entonces, que estaba naciendo una amistad que perduró a través del tiempo, 40 años y de la distancia él en Bolivia y este cronista 20 mil kilómetros distante en la lejana Escandinavia.

Alfonso fue el nexo con Los Tiempos primero y más tarde con La Prensa donde trabajó cinco años para regresar a Cochabamba ya atingido por una salud en crisis que sin embargo no logró restarle energías para seguir adelante. El coloquio resultó inconcluso y largo y el tema siempre el mismo la Patria con todas sus grandezas y sus miserias, cuán cierto es que nuestra tertulia estaba ahíta de angustias, de preocupaciones porque nuestra Bolivia no lograba salir de sus problemas la pobreza, la ignorancia, la debilidad ante el concierto de naciones y debido a la casi total ausencia de líderes fuertes, honestos y patriotas que hubiesen podido sacarla adelante!
Me puedo vanagloriar de ser de los pocos amigos, como lo reconoció para mi honra, en leér su ingente producción intelectual reflejada en las notas editoriales cuya factura pude reconocer pronto, mesuradas, reflexivas, firmes y a veces temerarias conque enfocaba la diaria problemática de una sociedad siempre en ebullición, insatisfecha y a veces violenta en la desesperación de encontrar justicia y bienestar.

Cuando algún estudioso busque profundizar en la historia nacional de las tres últimas décadas tendrá que cavar hondo en el pensamiento de Alfonso Canelas quién contó siempre con el soporte invalorable de sus hermanos, cada uno en su campo de acción, dejándole al intelectual la tarea de encontrar en el laboratorio de ideas y de acontecimientos las pautas para guíar a la Nación por el sendero más apropiado y seguro. Dejo aquí el testimonio de una amistad totalmente desinteresada pero siempre viva, hasta hace pocas semanas cuando mi último mensaje electrónico quedó sin respuesta, qué lejos estuve no obstante de saber que sería el último que escribiera al compañero de estudios, al camarada de ideales, al inolvidable amigo que nos ha dejado perplejos, dolorosamente sorprendido con su impronta partida hacia la morada celestial donde nos estará esperando con su buenhomía, su caballerosidad de siempre!

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