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miércoles, 27 de abril de 2016

se adentra con disciplina de análisis serio en calificar a un régimen que ha perdido total legitimidad ante los ciudadanos y ante el consenso internacional. el derroche de los recursos de una época que ya terminó de ingresos sin límite. Karen Arauz nos da una lección de cómo el manejo del poder se distorsiona y es manipulado por una élite de operadores que se están enriqueciendo a ojos vista con menosprecio de la Justicia.


LEGITIMIDAD EN EL ABISMO

Ha llegado el momento de abandonar la idea de tratar de ideologizar al Movimiento al Socialismo. Durante años hemos venido tratando de pegar al MAS una etiqueta  más o menos  coherente. Socialismo es un chiste, y hasta el caudillismo bárbaro no va. La izquierda merece una disculpa. Pero dejemos las hipérboles y las cosas por su nombre. Esto se trata de Poder. Del maravilloso instrumento del Poder.
Ni los sofismas del ex licenciado ya alcanzan. Todo el discurso envolvente, no es suficiente para maquillar la verdadera vocación de Evo Morales y Álvaro García. La bonanza económica de esta década acabada, no ha sido más que un instrumento de sumisión y la demagogia, una grotesca maniobra de subordinación.  Este es el gobierno de la patraña sin atenuantes. No existe una sola coyuntura interpelante de la sociedad que no termine con una avalancha de intervenciones mediáticas. Son cien los millones de dólares que se escamotean del Tesoro de todos, para atosigar a la población con spots televisivos para imponer su versión propia de los hechos.
No es exacto hablar de "oposición", porque inmediatamente escogen referirse a la oposición formal de algunas tiendas políticas o connotadas figuras conocidas que son además, víctimas de los embates del terrorismo de Estado de variada intensidad.   Es más riguroso referirse a los antagonistas de este gobierno, que son millones de ciudadanos anónimos para quienes la actividad política-partidaria, está muy lejos de sus objetivos. Y si, en gran parte, son las redes sociales los altavoces a su alcance para expresar ese sentimiento de indignado hartazgo del ciudadano común,  por ser insultado en su inteligencia y nivel de discernimiento.
En las últimas horas, el país está evidenciando hasta dónde son capaces de torcer la verdad para mantener incólume su razón de ser como es el absoluto manejo de todos los resortes necesarios a su poderío. Acá los escrúpulos y un mínimo de pulcritud, no son de su apetencia lucrativa.  Todo lo que no sea de su conveniencia, tampoco es de su incumbencia.  Y la marcha de personas con discapacidad reclamando un bono de asistencia de ochocientos dólares anuales es la muestra contundente.  Esta suma significa aproximadamente seis millones de dólares anuales que debiera el Estado desembolsar para este fin. Pero en la inmoralidad que todo lo rodea, nada hay que no se mida con parámetros costo-beneficio. Los discapacitados, no le sirven al Poder. Ni siquiera son un indicador importante al momento del sufragio. La protección a los más débiles, sólo fue útil muletilla en los albores de la administración. A estas alturas, los desprotegidos, se han convertido en una piedra en sus zapatos porque no han dejado ser asimilados por el gran relato oficialista. Y como osan hacer reclamos, hay que ponerlos en su sitio.
Al menos una decena de ignaros, ensayan grotescas justificaciones. Pero son dos las respuestas destacables  que no hay que dejar pasar.  La del gurú oficial de la economía boliviana que niega la mínima posibilidad de incrementar el aporte estatal, por significar un verdadero boquete a su hasta ahora acorazado e inédito manejo de las finanzas públicas.  Y la otra, es la del vice presidente de las seis federaciones de cocaleros del trópico, quien reflexivamente enfrenta las cámaras, defendiendo lo inmaculado y cuidadoso del gobierno cuando de preservar la economía de todos se trata. El sujeto es por todos conocido, en virtud a sus reiteradas conferencias de prensa en los ambientes de la Cámara de Diputados.  La primera de los últimos tiempos, estuvo referida a la decisión de su sector de ignorar los resultados del referendo que les cerró la puerta a una nueva reelección y  la segunda, la intervención de las redes sociales, pues como todo déspota rechaza las críticas y nada que no denote aplauso,  está autorizado a alzar la voz. Como buenas avestruces que son, no quieren ver que el creciente rechazo popular, no es culpa del Facebook o del Twitter sino, de su incapacidad de leer la realidad y frenar el despilfarro y la rampante corrupción que no importa si va desde la mega hasta la nano. Y la última, alineándose con el jefe, con un apasionamiento digno de una mejor causa, -tal como ponerse a derecho con carta de ciudadanía pagando impuestos-, arremete contra los discapacitados por atentar con su pedido a la estabilidad económica. Solo le falto tildarlos de vende patrias y traidores, alegato inseparable cuando de reafirmar sumisión se trata.
En el tema Camce y los vínculos de poder, solo una frase referida a la prueba de ADN ordenada por la justicia. El despliegue de una centena de policías de escolta presidencial ha sido de una desproporción tal, que avergüenza. Pero, en contraste, cuando se produjo el asalto criminal a la Alcaldía alteña que se llevó seis vidas, ni un solo destacamento fue autorizado. Hombría de bien sería ponerse a disposición de exámenes independientes que den certezas. Por algo pocos olvidan a Clavijo. Apena profundamente el obsceno rechazo a un niño inocente. Los bolivianos de bien, creo que preferiríamos que el resultado sea negativo. Total, el tráfico de influencias, no necesita de más pruebas.
Karen Arauz



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