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lunes, 31 de agosto de 2015


según El Deber que cita a The Economist de Londres:


LAS VACAS FLACAS O MALA RACHA


Los precios, e incluso los expertos y autoridades, señalan que ha llegado la época de las vacas flacas para los países que viven de vender materias primas, como es el caso de Bolivia. Lo difícil es saber cuánto tiempo durará esta mala racha, lo que serviría para que los países afectados tomen sus previsiones e incluso los políticos que usan estos datos para sus ofertas sepan a qué atenerse.

Otra vez la revista británica The Economist, una de las más prestigiosas del mundo en estos temas, se muestra como un oráculo confiable, capaz de ayudar a descifrar este misterio. Tiene 200 años de hacer periodismo sobre economía, lo que le da la autoridad que se le reconoce. Lo que ha dicho es que, lamentablemente para los países que viven de las materias primas, su explotación y su venta, esta mala racha podría durar más tiempo del que duró la buena racha.

La base del pronóstico es la siguiente. Durante los largos años de la buena racha, de las vacas gordas, se produjeron muchas pero muchas inversiones de empresas que estaban felices ante la idea de beneficiarse con precios exorbitantes. El impulso que dieron a la producción de petróleo y de minerales, por ejemplo, ha hecho que una gigantesca cadena de producción se ponga en movimiento. Miles de miles de millones de dólares fueron invertidos para aumentar la producción

Ahora, cuando los precios han caído, ese aparato de producción no puede detenerse en seco y va a seguir enviando al mercado grandes volúmenes, aunque los precios están muy bajos. Es como un tren que no se puede detener en seco. Con esos datos, la revista dice que se podría calcular que esta mala racha dure unos 15 años. Tal es la robustez de la maquinaria productiva que se puso en marcha durante las vacas gordas.

Los productores de ‘shale-oil’ o ‘shale-gas’ (petróleo y gas de esquistos) de Estados Unidos acaban de reducir un 30% sus costos. Tampoco ellos pueden frenar en seco. 

Para Bolivia esta es una nueva lección, la enésima, sobre lo peligroso que es seguir apostando por las materias primas. La crisis asiática de 1997 llevó a Bolivia a sacudones económicos y políticos que se dieron a principios de este siglo.

Para que el país no siga dependiendo de estos vientos foráneos, habría que liberarlo de su dependencia de las materias primas. Es una guerra de la independencia que está pendiente

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