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lunes, 3 de junio de 2013

reclama El Día mayor capacidad de acción para hacer posible la consigna invertir, producir, exportar de tal modo que se vea que no queda en discurso. la puesta en marcha del ingenio Aguaí. puede ser un nuevo impulso

Con la reciente inauguración del emprendimiento industrial del Ingenio Sucroalcoholero Aguaí, en el norte cruceño, una vez más Santa Cruz ha dado un paso adelante y se ha convertido en ejemplo de la iniciativa empresarial privada en el país. El acontecimiento adquiere mayor trascendencia dadas las todavía tensas relaciones del Gobierno con parte del sector empresarial cruceño. Si se considera el pasado reciente, y se valoran en su justa dimensión los alcances de la política gubernamental en relación al sector productivo, resulta oportuno señalar que aún persisten varias facetas desalentadoras para la inversión privada, tanto nacional como extranjera. Una es la inseguridad jurídica.

Asimismo, pese a las promesas gubernamentales -que no terminan de concretarse- no se han resuelto todavía varios problemas que tienen relación con el sector productivo. El hecho que permanezcan ocupados importantes predios productivos en manos de campesinos avasalladores tiene, por fuerza, una influencia negativa que predispone a la desconfianza y al desaliento. Sin embargo, a pesar de las numerosas dificultades, el empresariado privado cruceño ha resuelto invertir desafiando los riesgos. Esta señal de pujanza ha llevado al Gobierno a declarar –a través del vicepresidente- que tales inversiones son bienvenidas y que comprometen el apoyo oficial para la exportación.

Ha llamado la atención, en la inauguración del Ingenio Aguaí, que al tiempo se declaraba apoyo irrestricto para la exportación de azúcar y alcohol, se exhortaba de un modo general a la empresa privada, para que se decida a incrementar las inversiones, cumplir con el pago del precio justo a los productores de materia prima y de compartir salarios dignos con los trabajadores. Todo ello en el objetivo inicial de garantizar en primera instancia el abastecimiento del mercado interno, según las exigencias gubernamentales. Conviene apuntar que las palabras de apoyo del oficialismo resultan altisonantes cuando la tarea pendiente sigue siendo pasar del discurso a las acciones.

De tal modo que, mientras para el Gobierno resulta muy fácil expresar la trilogía de invertir, producir y exportar -especialmente dentro del discurso político-, para el empresariado privado nacional, y el cruceño en particular, estas actividades requieren redoblados esfuerzos dentro de un empréstito de alto riesgo que no se valora como corresponde. Aguaí rescata el espíritu emprendedor del empresariado local, expresado esta vez en el norte cruceño, que no se rinde ante las dificultades. De modo simultáneo, esta iniciativa representa el justo reclamo de compromisos serios del Gobierno para con el sector productivo que, una vez más, genera empleos y se compromete con el país.

Se ha hablado de convertir a Santa Cruz en el granero continental y en la fábrica de alimentos de América Latina, en el entusiasmo por el Ingenio Aguaí. El Gobierno lo considera posible dentro de su plan de seguridad alimentaria. Sin embargo, conviene insistir que para el logro de esos objetivos se hace preciso un sincero y auténtico trabajo coordinado y de largo aliento con los productores nacionales, especialmente cruceños, que representan la mayoría del sector en el país. Las intenciones son buenas, al margen de los intereses políticos del oficialismo, pero se hace preciso pasar de las palabras a los hechos. El empresariado cruceño ha dado el primer paso. Le toca el turno al Gobierno.
Se hace preciso un sincero y auténtico trabajo coordinado y de largo aliento del Gobierno con los productores nacionales, especialmente cruceños, que representan la mayoría del sector en el país.

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