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lunes, 11 de julio de 2016

no podemos quedarnos de brazos cruzados ante la ola de criminalidad que azota Bolivia, especialmente SC, donde al parecer vienen actuando bandas criminales ligadas al narcotráfico, con total impunidad. la ciudadanía está paralizada por tanto asesinato y pronto las reacciones se producirán en cadena, ojalá sin la efusión de sangre que causa tanto miedo

Meses atrás, en una confusa acción -hasta el momento no esclarecida en plenitud- cuatro ciudadanos extranjeros fueron acribillados por efectivos policiales en lo que se presentó como “enfrentamiento”, aunque surgieron dudas acerca de la verdad sobre el sangriento hecho, el que parece haber estado vinculado con el narcotráfico y presuntas actividades ilícitas de algunos policías. En la población fronteriza de San Matías y alrededores cada tanto se producen asesinatos a sangre fría, triste contrapartida de “ajustes de cuenta” entre mafias rivales. Las acciones criminales se ven facilitadas por la nula o escasa presencia policial en esa zona geopolíticamente sensible. Recordemos que se trata de uno de los “corredores” por donde transita la cocaína hacia el vecino Brasil y ultramar. El último de los crímenes en la región se cobró la vida de un adulto mayor ejecutado a sangre fría. El crimen quedará sin resolverse, tal como -con preocupación- podemos constatar ha sucedido en varios casos anteriores.
Recientemente se encontraron los restos atados, baleados y calcinados de cuatro personas. Estamos en presencia de otro ajuste de cuentas, esta vez ejercido con extrema crueldad. Una vez más surge el fantasma de las drogas ilícitas. En combinación con estos aberrantes hechos se ha mencionado la posibilidad de pugnas entre dos bandos por tráfico de estupefacientes e inclusive una posible afinidad de algunos policías con los delincuentes; se informó también que una de las hipótesis es que se trató de un “volteo” de varios kilos de cocaína que debían ser transportados a Chile.
Todo este horror cotidiano ya resulta intolerable. Es casi imposible vivir en una sociedad impregnada por el crimen organizado que actúa con impunidad y donde, para colmo, las reiteradas sospechas sobre posibles participaciones de policías deshonestos complican aún más la situación, al punto de generar elementos de inseguridad ciudadana de tal magnitud que directamente lindan con el miedo. 
Es hora de frenar la escalada. Si el Estado hasta el momento no puede hacerlo, ello prueba la existencia de elementos fallidos en su interior que deberán ser resueltos. Se precisa una fuerza de seguridad -nacional o internacional- de reconocida solvencia para evitar y prevenir la sucesión de crímenes. Claro que primero tendría que eliminarse su causa básica: el tráfico ilegal proveniente de Chapare, zona que destina más del 90% de su producción de hojas de coca hacia la cocaína, según lo han certificado varios y muy serios organismos internacionales.

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