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lunes, 27 de julio de 2015

excelente texto. bien Agustín Echalar que luce su verbo encendido con precisión y oportunidad: partido que gobierna este país y que lo domina a partir de enormes chicanas, de medias verdades, de posturas demagógicas, de irracionalidades, de romanticismos baratos, de manipuleo de las masas y, como un clavo saca otro clavo, es posible que su decadencia comience a partir de descontentos irracionales, aunque no creo que suceda nada definitivo,"

Que la marcha y el bloqueo de Comcipo está completamente politizada no quepa la menor duda; que la oposición se está regodeando con los problemas que está teniendo el gobierno es obvio; que Potosí tiene posiblemente la más baja calidad de vida del territorio patrio es también una verdad, aunque también es cierto que nunca en su historia le ha ido tan bien a esa región. Ni siquiera en los tiempos del auge argentífero de la época virreinal, cuando se forjó la falsa leyenda de que Potosí sería la ciudad más grande del mundo.
Naturalmente, mueve a la risa escuchar de boca de miembros del MAS las plañideras respecto a la politización de una marcha y al reclamo por el uso de dinamitas, que pueden ser muy peligrosas, y el perjuicio que causa un bloqueo, precisamente porque esas fueron las armas que hace menos de 15 años ellos utilizaron para tomar el poder.
Lo que no puede causar risa a los bolivianos, pero eventualmente sí a los chilenos, es que el gobierno del MAS brinde argumentos a la otra parte en el juicio para sostener que el tema del mar es constantemente utilizado de manera interna para orientar las simpatías de las masas. Primero se demoniza al vecino, se exacerba ese sentimiento y, luego, cuando alguien se pone molesto contra el régimen, se lo acusa de ser un infiltrado, casi un traidor a la patria. El argumento es viejísimo y si Shakespeare no hizo de él una pieza teatral, es seguramente porque ya era demasiado trillado y aburría.
Esta semana ha sido muy desagradable, no sólo por los perjuicios que causa un bloqueo y una manifestación callejera, sino, ante todo, porque es difícil hallar razones serias en quienes están protestando. Y la alegría que puede causar el que los arbitrarios de turno estén en conflicto, por más canallesca que sea la actitud que ellos han desplegado en innúmeras ocasiones,  por más que una parte de esto sea el resultado de su propia demagogia, tampoco nos acerca a la racionalidad.
Cuando una marcha que incluye grandes esfuerzos y sacrificios es hecha para tener un aeropuerto internacional; cuando se quiere, a partir de eso, hacer caminar a un difunto elefante blanco;  cuando se pide que el gobierno central se haga cargo de que el Cerro, que la gente misma horada  y que es lo  que le da sentido a la vida de la ciudad, no se venga abajo  (aclaremos que Potosí no existe porque está al pie de un bello y cónico cerro, sino porque está al pie de un cerro lleno de minerales que se pueden extraer; nunca mejor dicho: no es la forma, sino el contenido lo que cuenta), no se puede dejar de tomar en serio la demanda.
El MAS ha llegado a ser lo que es, el partido que gobierna este país y que lo domina a partir de enormes chicanas, de medias verdades, de posturas demagógicas, de irracionalidades, de romanticismos baratos, de manipuleo de las masas y, como un clavo saca otro clavo, es posible que su decadencia comience a partir de descontentos irracionales, aunque no creo que suceda nada definitivo, Potosí no puede bloquear Bolivia como lo pudo hacer el Chapare.
Mientras tanto, vale la pena mencionar  lo siguiente: Potosí sigue siendo muy pobre. No se puede esperar mucho de un páramo, pero ahora tiene un sistema de comunicación importante, casi envidiable, cinco carreteras asfaltadas que desde Tarija, desde La Paz, desde Sucre,  desde Uyuni y desde Villazón la acercan al mundo. Vaya usted a darse una vueltita por allá, la ciudad ha crecido significativamente (fíjese en el Google Map).
Suena casi masista, pero no creo que Potosí haya tenido una mejor época que la actual. Que gran parte del dinero ganado se ha ido de Potosí, es verdad, pero eso es posiblemente el sino de un lugar tan frío donde es difícil pasar la vejez.
Estos días de gases y dinamitazos me molestan profundamente. Detesto la política hecha en la calle, la llamada democracia radical, porque en todas sus versiones es, en primer lugar, una burda manipulación de los más débiles.

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