miércoles, 23 de noviembre de 2016

se conviritió en retórica. el tema del AGUA no ha sido tratado con seriedad. los responsables no tomaron en cuenta los problemas reales. el hecho es que el DESABASTECIMIENTO afecta a la generalidad y está creando confrontación en El Alto, La Paz, Cochabamba y otras ciudades. LTD. Evo lo convierte en problema político.

En la última década del siglo pasado, el entonces Director General de la Unesco impulsó una campaña para prevenir a los Gobiernos del planeta acerca de la creciente escasez de agua y las terribles consecuencias que provocaría comenzando por el deterioro de la salud de la gente, particularmente de los más pobres, y cruentas guerras internas e internacionales para garantizar el acceso a ella.

Desde entonces, la situación se ha agravado y son insuficientes los esfuerzos que entidades no gubernamentales y organismos multilaterales realizan tratando de concienciar a la humanidad sobre este fenómeno, porque chocan, lamentablemente, con un grave obstáculo: en los ámbitos donde se adoptan decisiones domina la retórica y no la voluntad política y económica de enfrentar globalmente este problema.

Esta situación se repite en el país. Mientras el tema del agua es abordado en el plano de la retórica, hay buenas iniciativas como incluir como derecho humano fundamental el acceso al agua en la Constitución Política del Estado. Pero, en los hechos, la escasez de agua que está sufriendo el país es una muestra palpable de que no se han podido hacer realidad los enunciados.

No es una actitud nueva. Hay una línea de conducta a lo largo de nuestra historia que hace que temas que afectan en forma directa a la vida cotidiana de la gente han sido jerarquizadas a la hora de ganar adeptos y secundarizados a la hora de gobernar. Ejemplo de este cambio de valoración es la actitud de las actuales autoridades que tuvo en la llamada “Guerra del Agua” de Cochabamba en 2000 el cimiento de su camino al poder, pues marcó el declive radical del sistema político-partidario conformado a partir de la recuperación democrática de 1982.

Ese hito, hábilmente utilizado por los sectores entonces opositores logró deslegitimar a dicho sistema para terminar derrotándolo en dos “rounds”: la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y la contundente victoria del MAS en las elecciones de 2005.

Lamentablemente, el tema del agua, como ahora se puede comprobar, fue sólo retórica, pues la situación de crisis actual pudo ser paliada con una administración estatal eficiente y no dominada, como ha sucedido, por el sectarismo y la corrupción. Esta realidad ha provocado movilizaciones de interpelación al Gobierno, particularmente en la sede de gobierno, en las que se constata, además, la participación de gente que apuntaló el proyecto de poder del MAS.

La desconfianza, además, sigue creciendo cuando el Gobierno pretende manejar la situación a través del discurso antes que de acciones y trata de eludir su responsabilidad. De hecho, que una comisión de ministros para atender esta emergencia sea presidida por el de la Presidencia y no por la Ministra del Agua, da cuenta de la extrema politización existente y hace temer –ojalá nos equivoquemos—por su ineficacia.
Así, una vez más, parece repetirse en el país aquello de que se accede al poder a partir de la demanda de agua de la población, pero se aleja de éste cuando ésta es olvidada.

domingo, 20 de noviembre de 2016

durante tanto tiempo el monstruoso aparato publicitario del Régimen nos ha hecho creer, que nada hay que afecte a Evo, que todo le resbala, que sale airoso de sus dificultades, en suma que está "blindado contra todo mal", hasta que el elemento más maleable y simple EL AGUA logra desarmar sus escudos y sacude los cimientos de "su arrogancia, de su poder"


La falta de agua desblinda a Evo

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Mauricio Aira

Es la Providencia que castiga al arrogante, envanecido Presidente, le quita el agua y es la falta de agua para lo más esencial que hará caer “las armas de las manos de sus llunkus” para enderezar lo torcido.

Profundamente creyente, veo la Providencia en todos los actos humanos. Preocupado por la suerte de mi Patria Bolivia, mis oraciones son de todos los días, pidiendo a Dios ilumine a sus ciudadanos y oriente a sus gobernantes para alcanzar el Bien Común y velar por la Paz, la Justicia y la comprensión entre todos para salir adelante.

Entre las acciones de la Providencia podemos advertir que la forma obcecada del Jefe del Estado de administrar Bolivia muy a su “estilo personal, sus caprichos y devaneos” diversos pecados mortales que le están haciendo perder el norte. No vamos a repetir lugares comunes que tienen que ver con la Injusticia, el abuso del poder, la corrupción y el narcotráfico. Nos vamos a referir a la vanidad herida de muerte porque la Providencia nos está mostrando, de modo harto dolorosa, los fallos mortales de un exceso de vanidad, de falso orgullo, de prepotencia, que sucumbe ante la abrumadora realidad.

Nos estamos refiriendo al golpe mortal que la Providencia asesta al Régimen. le ha planteado el problema del agua. Agua que falta para lo más elemental, para el riego, para preparar los alimentos, para la higiene y el aseo, para la salud humana.

Recordar que Venezuela antes de morir Chávez, pasó por una crisis semejante que tuvo que pedirle a Castro enviase al experto número uno de Cuba, para ponerse al frente del problema. El castrista asumió una serie de medidas, repitiendo aquellas que la Isla ha venido asumiendo ante la falta crónica de agua. “la sabiduría del castrista” llegó a medidas extremas, al punto que Chávez utilizando todos los medios “recomiendo que la ducha personal no dure más de tres minutos, lo suficiente para quitarse lo hediondo”, de modo que cuando Evo recomienda “cerrar el grifo mientras uno se cepilla los dientes” nos está haciendo ver la extrema necesidad de “ahorrar agua” por todos los medios.

Los últimos días la reacción del pueblo no se dejó esperar, aparecieron letreros muy expresivos: “no queremos palacios, queremos agua”, no satélites agua, no armas ni uniformes, agua, no aviones de lujo, ni obras fastuosas, queremos agua, agua y agua.

Ensaya Evo, como siempre, a quién culpar. Echa a la calle a los responsables del agua en La Paz y no es suficiente. El problema es endémico, catastrófico. “Suspende obras deportivas para priorizar el agua”, dice el último cable y convoca reuniones de emergencia. Pedirá. Ayuda a Castro, como lo hizo Chávez con expertos de Cuba, pero nada, la imprevisión ha sido tan grande, tan tremenda la dejadez que nada se puede hacer. El problema es hoy día, no de mañana.

Tanto dinero malgastado, tantos proyectos fantasiosos, agregamos nosotros, tantos desfiles y paradas incluyendo la demostración en Santa Cruz con aviones, helicópteros, lanchas, tanques y toda suerte de vehículos traídos a crédito de China y Rusia comprometiendo las finanzas de Bolivia para cuando el MAS sea un otro recuerdo del pasado, pero que los ciudadanos tendrán que pagar. ¿Para qué tanto despilfarro si lo principal, el agua nuestra de cada día, no existe?

De modo que contemplamos que la Providencia le juega una mala pasada al arrogante, soberbio, ensimismado ocupante del Palacio Quemado. Le hiere en lo más sensible, deja de llover en gran parte del país, el ganado se muere, los campos se secan, los ríos no corren, el agua potable escasea, apenas gotea… y la sed no puede esperar. Así, de esta manera simple pero certera castiga la Providencia el falso orgullo de un mandatario envalentonado y engreído.

jueves, 17 de noviembre de 2016

abruma. horroriza. llena de verguenza esto de los linchamientos. hace poco fue una alta autoridad del ministerio de Gobierno, hoy un joven de 20 anos, al que acusaron de robar una moto en Entre Ríos. es que hay tanta desconfianza, tanta inseguridad, tan poca fe en el Gobierno, que se toma la justicia por mano propia?


El pecado mortal del Linchamiento

Mauricio Aira



Que lo hubiesen tomado como espectáculo convocando al pueblo de Entre Ríos a presenciar la tortura y muerte de un joven de 20 años sospechoso del robo de una motocicleta es algo que estremece. Uno se resiste a pensar que ello ocurrió en Bolivia, nación que está lejos de ser comparada con algunos de Asia o África donde aún impera la ley de la selva.

Que esta “ceremonia del linchamiento” sea promovida por dirigentes cívicos y alentada por personas adultas, se supone de sano juicio, y que hubiera sido presencia por jóvenes y hasta por menores es todavía mayor agravante. El espectáculo de dar muerte en público, con el aplauso y el “perverso placer de la turba” sólo se compara con el circo romano, cuando los emperadores ofrecían a sus ciudadanos, la lucha entre gladiadores (mercenarios de la guerra) y el sacrificio de los cristianos indefensos enfrentados a tigres y leones hambrientos que despedazaban a sus víctimas en medio del jolgorio de espectadores, borrachos de lujuria y sangre caliente.

Por llamarle algo “el fenómeno del linchamiento” sucede a períodos post convulsión social, revoluciones o guerras, a la ausencia de autoridad, al imperio del anarquismo y la inseguridad ciudadana. Linchamiento es sinónimo de ignorancia, de revancha, de justicia por mano propia y durante el mandato de Evo Morales acción repetida con demasiada frecuencia. Las características se repiten en el Altiplano, en los valles, en el trópico, ausencia de autoridad, policía incapaz de detener la agitación y temerosa de las reacciones de la turba, aunque está comprobado que cuando esas turbas borrachas de sangre y violencia, advierten una mano firme, se detienen, se asustan y se dispersan. Más al contrario, si advierten debilidad en los uniformados y en la autoridad se envalentonan y desafían al más fuerte, se transforman en fieras y se lanzan al peligro, vale decir contra la corriente y cometen los peores crímenes. Recordar el linchamiento del Presidente Mártir Gualberto Villarroel que después de ser arrojado desde un tercer piso a la loza de la Plaza Murillo, arrastró su cadáver varias cuadras y terminó colgándolo de un farol. Acción repetida con su lugar teniente Ballivian y su secretario Hinojosa. (21 de julio 1946)

Todavía está fresco en la memoria colectiva el martirio de 8 campesinos en Achacachi, ante una multitud congregada en el estadio, si bien  los promotores están hoy en la cárcel, aunque la sentencia no ha sido dictada. Y otros con víctimas civiles y de uniformados, y el último en que fue torturado hasta la muerte el Vice Ministro Illanes, y cinco “trabajadores mineros” por cierto que en acciones separadas. Que, hasta el día de hoy, no se ofrezcan informes claros sobre estos hechos de sangre en la zona de Panduro, puede estar produciendo que se incuben nuevos casos como el de Entre Ríos.

Recordar la palabra de la Iglesia Católica que con explicable energía ha condenado esta forma inhumana e inaceptable de ejercer “la llamada justicia comunitaria”, ha dejado ver que en la mayoría de los linchamientos las víctimas resultaron siendo inocentes, que los cargos por los que murieron no existieron. En el caso de Entre Ríos, cuánto puede valer una moto usada, frente a la vida de un joven de 20 años esperanza cierta para sus padres, hermanos, compañeros.

El Gobierno tiene ante sí un nuevo reto, dar con los autores y sancionarlos. Los primeros informes periodísticos señalan como a incitadores a dirigentes cívicos de la junta vecinal y funcionarios de la autoridad local que durante algunas horas estuvieron reclutando espectadores para el crimen, los que se han convertido en cómplices del hecho de sangre.


sábado, 12 de noviembre de 2016

la lectura que sigue le puede tomar unos 8 minutos. relata la historia del abuelo y del padre de Donald Trump, que viene del alemán Drumpf y que se ha ido transformando hasta llegar a Trump. de 16 anos el abuelo era peluquero recién llegado, hizo fortuna con hoteles y prostíbulos hasta que 20 anos después regresó a Alemania que le expulsó por no haber ingresado al Ejército. lo cierto es que con la oferta de cama, comida,, licor y sexo amasó fortunas. uno de sus hijos entró al Ku Klux Kan y hasta participó en acciones violentas, aunque la familia lo niega. la periodista Gwenda Blair escribió "Tres generaciones que constuyeron un imperio) que trata el origen del apellido. al parecer la obra bien documentada espera por una traducción al castellano.

Los Trump: todo empezó con el burdel del abuelo proxeneta

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Friedrich Drumpf, así se llamaba, emigró a EEUU desde Alemania con solo 16 años. Hizo fortuna con hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. El nuevo presidente nunca ha querido hablar de este capítulo familiar.
El destino es caprichoso. En 1885 llegaba a la Casa Blanca el demócrata Grover Cleveland, un presidente atípico por ser el único que ha tenido dos mandatos no consecutivos, que además vetó una ley que pretendía restringir la entrada de extranjeros al país. Aquel mismo año arribaba a la joven nación un inmigrante alemán de 16 años llamado Friedrich Drumpf. Traía sólo una maleta y no sabía una palabra de inglés, pero su talento innato le llevó a cumplir el sueño americano y levantar un imperio económico, regentando hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. Amasó una fortuna y regresó a su patria con la intención de quedarse para siempre, pero el gobierno germano le expulsó por eludir el servicio militar obligatorio. Aquella decisión cambiaría el rumbo de la historia. Hoy, 131 años después, otro presidente poco común se prepara para tomar el mando de EEUU y, en este caso, cerrar las fronteras: Donald, su nieto.
La presencia de la saga Trump en estas tierras ha sido de todo menos discreta y convencional desde que pisaran por primera vez el nuevo mundo. Al pasado del abuelo se suma el del padre, Fred Jr., que recientemente ha sido vinculado con los grupos del Ku Klux Klan de los años 20 de Nueva York. Pero para narrar la historia de esta estirpe, debemos primero viajar a su lugar de origen, una pequeña aldea rodeada de viñedos en la región germana del Palatinado.
La periodista Gwenda Blair es la autora del libro The Trumps: Three Generations That Built An Empire (Los Trump: Tres generaciones que construyeron un imperio), actualizado en una reciente edición como The Trumps: Three Generations of Builders and a Presidential Candidate (Tres generaciones de constructores y un candidato a la presidencia), donde investiga el origen de este linaje y sus negocios durante tres generaciones. La obra aún no está traducida al castellano, aunque la escritora dice que le encantaría que algún editor lo hiciera.
En una entrevista con EL ESPAÑOL, Blair explica que visitó Alemania y los lugares clave en la vida de este inmigrante. “Hablé con los familiares que aún quedan allí, y también estuve en las ciudades americanas donde trabajó”, relata. De aquel trabajo de campo obtuvo la mayoría de los detalles que han ayudado a reconstruir su apasionante periplo.
Friedrich, el abuelo del nuevo presidente de EEUU, vivía con sus padres, Christian Johannes Drumpf y Katharina Kober, dos vendimiadores que se ganaban la vida recolectando la uva, en Kallstadt, un apacible pueblecito germano cuya tradición vitivinícola data del Imperio Romano.

DE FRIEDRICH A FREDERICK

Tras una larga enfermedad, su padre, el bisabuelo Christian, moría en 1877 con 48 años, dejando a la familia en la ruina. Sus cinco hermanos se pusieron a trabajar en el campo, pero la salud de Friedrich era tan endeble para afrontar aquella faena que, con sólo 14 años, en 1883, lo mandaron a la localidad vecina de Frankenthal para trabajar como aprendiz de peluquero.
Cuando aprendió el oficio, tras dos intensos años, volvió a su pueblo natal. Allí, este joven, ya con 16, se dio cuenta de que aspiraba a algo que la vieja Europa ya no podía darle, riqueza. Además, hasta Baviera llegaban entonces los cantos de sirenas de una nueva tierra de oportunidades que se abría paso al otro lado del Atlántico. De modo que una noche, sin avisar, cogió la maleta, dejó una nota a su madre y se encaminó a Bremen, donde embarcó rumbo a EEUU.
Allí lo esperaba Nueva York, ciudad que la historia uniría para siempre a su apellido. Pero no al de Drumpf. El 16 de octubre, como muchos inmigrantes, se inscribió en el registro norteamericano, donde lo anotaron incorrectamente, u optó por asimilarlo a un sonido más inglés, como Frederick Trumpf, que acabaría derivando en Trump. Vivió un par de años en la casa de su hermana Katharina, que había emigrado antes que él. Encontró trabajo en una barbería donde hablaban alemán y se quedó allí seis años.
Pero el primero de los Trump anhelaba más. En 1891, se marchó a la costa oeste, a Seattle, donde compró con sus ahorros un restaurante en el centro de la ciudad, en una zona donde en la época abundaban casinos, salones y burdeles, el red-light district conocido como Lava Beds. El local fue bautizado como Poodle Dog, y en él servía alcohol, comida y ofrecía “habitaciones para señoritas”, que era como eufemísticamente se anunciaba que había prostitutas.

“NADA ERA ILEGAL”

“No creo que exactamente sea correcto llamarlo proxeneta”, apunta Gwenda Blair. “Él abrió restaurantes y otros establecimientos. Cualquiera que los hubiera tenido hubiera hecho lo mismo”, valora. A su juicio, “en unos tiempos muy duros fue muy hábil anticipando lo que su clientela iba a demandarle, que básicamente era comida, licor y compañía femenina”.
La autora considera que el abuelo Trump “tuvo la habilidad de medir el mercado y ver hasta dónde podía llegar sin sobrepasar la ley”. “Era un hombre de negocios que facilitaba el acceso a mujeres. Yo, al menos, no encontré evidencias de nada ilegal”, subraya la autora.
En 1892 Trump adquiere la ciudadanía estadounidense y vota en sus primeras elecciones, cogiéndole el gusto a eso de las campañas electorales, como veremos más adelante. Un par de años después, vende el restaurante y se instala en la ciudad minera de Monte Cristo, atraído por los rumores sobre la aparición de nuevos depósitos de oro y plata.
Allí adquirió un terreno, el primero de la familia, y levantó su primer hotel -o pensión- Trump. La operación estuvo rodeada de ciertos problemas legales, pero nada que no pudiera solucionar para en 1896 presentarse a unas elecciones a juez de paz, que ganó por un margen de 32 a 5. Premonitorio. “Donald Trump no ha sido el primero de su clan en ganar unos comicios en este país”, resalta Blair.
Frederick vendió sus propiedades justo antes de que el negocio se viniera abajo, para luego trasladarse a Klondike, en el territorio canadiense de Yukon, junto a Alaska, donde volvió a repetir la fórmula de ofrecer cama, comida, licor y sexo en establecimientos como el Restaurante Hotel Actic y el White Horse Restaurant Inn.

“SONIDOS DEPRAVADOS”

Un periódico local describía su negocio como apto “para los hombres solteros del Ártico, con excelentes alojamientos, así como el mejor restaurante, pero no aconsejable para mujeres respetables que vayan a dormir, porque son susceptibles de escuchar sonidos depravados que ofendería su sensibilidad”. La fórmula se repetía en sus locales. Un bar, instalaciones para juegos de azar y zonas oscuras con cortinas de terciopelo, donde ofrecían sus servicios las conocidas como sporting ladies.
Tras la aventura americana, Frederick Trump dio por concluido su sueño. Vendió sus inversiones y regresó a Alemania en 1901. Una vez más, le funcionó el olfato y se adelantó al final de la fiebre del oro y el consiguiente declive de la prostitución. En opinión de la biógrafa, “demostró ser muy previsor y supo retirarse justo antes de que aquello empezara a decaer y los mineros se marcharan”. “Y no se contagió de la fiebre del oro. Muchos empresarios como él no hicieron dinero allí”.
Una vez de vuelta a su pueblo natal, se casó con su antigua vecina Elizabeth Christ, la abuela de Donald. Regresaron a Nueva York, donde abrió una barbería y regentó un hotel y un restaurante. Allí tuvieron a su primera hija, Elizabeth. Pero al poco, la nostalgia sumió a su esposa en una depresión, y en 1894 volvieron a Alemania con la idea de envejecer allí. Pero el Gobierno germano apareció en escena.

¿PRESIDENTE DE ALEMANIA?

“Es muy llamativo, pero por muy poco la segunda generación Trump podría haber sido alemana”, sugiere la autora. ¿Podría Donald ser ahora mismo presidente de Alemania? “Desde luego que podría, o eso o algo importante. Esos son los asombrosos accidentes de la historia. Algo pequeño puede tener un efecto mínimo o consecuencias colosales, como este caso”, explica.
En aquella época el servicio militar era obligatorio en Alemania hasta los 35 años, justo la edad a la que regresó el abuelo Trump. Su ayuntamiento trató de ayudarle, en un intento de conservar en el pueblo la fortuna de aquel hijo pródigo, valorada en 80.000 marcos, medio milllón de dólares de hoy. Pero las autoridades de Baviera consideraron que Firederich, con su aventura americana, sólo perseguía evitar el servicio militar, de modo que le retiró la ciudadanía y lo mandó de vuelta a América en 1905, con su esposa embarazada, que daría a luz en Nueva York a Frederick, padre de Donald, y luego John, ya completamente estadounidenses.
Finalmente, el abuelo del nuevo presidente murió a los 49 años, en Queens, durante la epidemia de gripe española. Su mujer Elizabeth usó su herencia para continuar el negocio inmobiliario con su hijo mayor, nuestro siguiente protagonista, Fred Junior, el padre del comandante en jefe electo.
“El segundo Trump también mostró destreza. No vivió la fiebre del oro y le tocó la gran depresión, pero supo sacar provecho de los programas de ayudas federales y subsidios de la época que buscaban levantar la economía. Él transmitió a su Donald todo sobre negocios y cómo ser competitivo. Le enseñó la frase de ‘ganar lo es todo, no hay límites’. Y mira ahora a su hijo”, señala Blair.

VÍNCULOS CON EL KKK

Al margen de la faceta empresarial que recoge en este libro, sobre el padre del futuro presidente de los EEUU, fallecido en 1999, aparecieron en septiembre de 2015 noticias inquietantes. Justo cuando su hijo daba los primeros pasos de su carrera política, la prensa desenterró de la hemeroteca del New York Times un artículo publicado el 1 de junio de 1927 que relacionaba a Fred Trump con el Ku Klux Klan. La crónica periodística lo vinculaba con una pelea que enfrentó a 1.000 civiles relacionados con el grupo racista contra 100 policías en Queens.
Aunque no fue acusado oficialmente, Fred Trump fue uno de los siete arrestados durante el incidente. Hay que tener en cuenta que en aquel momento las prácticas racistas en los EEUU estaban generalizadas y el KKK campaba a sus anchas.
Donald Trump más tarde negaría la relación de su padre con el KKK, aunque no pudo desmentir por completo aquel suceso. El propio New York Times publicaba una conversación con el magnate en septiembre de aquel 2015. “Es totalmente falso. Nunca pasó. Y la noticia decía que no hubo cargos, nada. Mencionarlo en los medios es injusto, porque no hubo cargos. No sé contra los otros, pero no contra mi padre. Así que incluso asumiendo que fue él, que yo incluso lo dudo, nunca escuché nada de eso. No es justa la mención. Nunca pasó”, dijo un Trump tan indignado, que incluso pidió al reportero que no incluyera el asunto en la entrevista.
Lo cierto es que aunque el nombre coincide con el de su padre, y el censo revela que vivió en el barrio donde se produjo el suceso, según la información no se le acusó de nada, aunque fue detenido. Después de esto, las acusaciones de racismo continuaron, y dos años después de que Donald se uniera a la compañía inmobiliaria de su padre en 1971, la empresa recibió una demanda de derechos civiles por negar el alquiler de apartamentos a ciudadanos afroamericanos.

SE HIZO EL SUECO

Pero Frederick Trump también fue una víctima del rechazo por razones de nacionalidad. Tras casarse con una joven escocesa llamada Mary Anne MacLeod, retomó el negocio inmobiliario con su madre, la viuda de Friedrich, una mujer orgullosa de su origen germano, algo que espantaba a muchos de los clientes del negocio, judíos. De modo que con la II Guerra Mundial, cuando se generó un sentimiento antialemán en EEUU, el padre de Donald Trump comenzó a decir a la gente que era sueco.
Mientras tanto, la madre, a sus 80 años, organizó un viaje de vuelta a Kallstadt con varios de sus nietos, no con Donald, que heredó la mentira sobre Suecia, y hasta la incluyó en su biografía El arte del trato. Un periodista en Vanity Fair le preguntó a Donald Trump en 1990 si no era cierto que en realidad era de origen alemán, a lo que el millonario respondió que “en realidad, era muy complicado”. “Mi padre no era alemán; los padres de mi padre eran alemanes… suecos, y realmente de toda Europa…”. Años después admitiría su origen alemán, aunque nunca ha visitado aquel pueblo.
Simone Wendel, cineasta de Kallstadt, se reunió con él en 2014 en la Trump Tower durante el rodaje de su documental Kings of Kallstadt, un retrato de esta localidad de 1.200 habitantes de la que salió también la familia Heinz, famosa por el ketchup, que a diferencia de los ‘Drumpf’ no renegaba de su pasado.
“Durante la reunión, Donald estuvo bastante reservado”, contó Wedel en varias entrevistas, si bien el empresario se entusiasmó cuando vio fotografías de sus abuelos y de la modesta casa de su abuelo. “I love Kallstadt”, llegó a decir.
Reconciliado ya con su pasado, Trump es consciente de que no será el primer inquilino de la Casa Blanca de ascendencia alemana. La familia de Dwight Eisenhower se llamaba originalmente Eisenhauer y provenía de Karlsbrunn, cerca de la frontera germano-francesa. Y los antepasados de Herbert Hoover fueron llamados Huber y arribaron desde Baden, en el sur de Alemania.
El papel de Donald Trump en la historia americana está aún por escribir. Lo que nadie podrá borrar ya es su ascendencia. Y aunque no le emocione, sin saberlo, probablemente el futuro presidente de los EEUU tiene más de Kallstadt en su interior de lo que cree. Y es que no deja de ser irónico que a los habitantes de este pueblecito se les conozca cariñosamente como Brulljesmacher, una palabra que en el dialecto regional significa fanfarrón. Caprichos del destino.

gracias a los medios, unos oficiales (propiedad del Estado) otros alquilados por el Gobierno, García Linera dispone de todos los espacios para agredir. en este caso a Carlos Mesa, descalificarlo para tratar de mostrarlo como corrupto, por tanto no apto para candidato.


El vicepresidente Álvaro García Linera afirmó que el expresidente Carlos Mesa incumplió la ley, no es un hombre de principios y advirtió que la Asamblea Legislativa podría iniciar una investigación por el uso e incineración de documentos de los gastos reservados que se aprobó en la administración del exmandatario.
El segundo Mandatario declaró que el Gobierno eliminó mediante el Decreto Supremo 28686 y mediante ley la partida de "gastos reservados” que durante 15 años desde el gobierno de Jaime Paz Zamora hasta Mesa fue un presupuesto destinado supuestamente a la seguridad nacional.

"El día que usted me muestre una documentación del año 2005 donde queden justificados (los gastos reservados) le voy a creer, pero no los tiene. Usted incumplió la ley. Nos reclama (a nosotros) que usted cumple la ley, pues no cumple la ley ni la Ley Safco. Entonces no es un hombre de principios”, declaró la autoridad
García Linera el martes acusó a Mesa de ser cómplice de Samuel Doria Medina, después de que éste expresara su solidaridad ante los procesos legales que enfrenta el empresario. En respuesta el exmandatario dijo que "defiende principios” y el sometimiento a las leyes como base de la democracia.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

resume el editorialista la situación real "no es triungo de Trump, es el fracaso de otras formas de Gobierno" hará pensar tanto a demócratas como republicanos que algo está pasando. la humanidad está aferrada al primero que le ofrece esperanza y cambio de las estructuras.


Trump, el triunfo de la apuesta populista

Ha sabido transmitir con un éxito sorprendente –y para muchos inexplicable- la idea de un patriotismo sentimental y económico ajeno a lo políticamente correcto como solución a los problemas de los ciudadanos

El triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas no es fruto de ninguna casualidad, sino de una preocupante corriente mayoritaria en la ciudadanía norteamericana hastiada de la política convencional, despreciativa con sus líderes de siempre, y entregada a un discurso populista y endogámico que puede sumir a Estados Unidos en una profunda crisis de valores en cuestión de meses. Antes de alcanzar la Casa Blanca, Trump, un multimillonario surgido para la política a golpes de talonario y simple popularidad televisiva, provocó una severa fractura en el Partido Republicano y ha dejado tras de sí a dieciséis candidatos convencionales. No ha sido un candidato meramente coyuntural o de impactos mediáticos limitados. Su liderazgo ha crecido exponencialmente hasta el punto de reponerse a sus propios errores, su permanente crisis de reputación y su discurso cuasi-racista, y superar unos sondeos que hace apenas dos semanas le situaban hasta quince puntos por debajo de Hillary Clinton.

Es un dato objetivo que la polémica figura de Trump ha calado en una mayoría de los ciudadanos estadounidenses con el mandato de dar un vuelco a la concepción tradicional de la política. Consideran, en definitiva, que Trump encarna la solución a muchos de sus males, especialmente derivados de la merma de poder adquisitivo, de la falta de protección de sus empleos y de la progresiva pérdida de influencia de Estados Unidos como el motor político y económico indiscutible del planeta.

Es sencillo: frente a la imagen de corrupción y opacidad del “stablishment” que representaba Hillary Clinton, los americanos han confiado en un populista de discurso extremo y directo que huye de los convencionalismos, pero que ha sabido transmitir con un éxito sorprendente –y para muchos inexplicable- la idea de un patriotismo sentimental y económico ajeno a lo políticamente correcto como solución a los problemas de los ciudadanos. Incluso, aunque esa solución pase por la humillación y la ridiculización del contrario.

Sus sobreactuaciones sistemáticas y atípicas en la política norteamericana, su misoginia acreditada, su discurso xenófobo y excluyente, su demagogia permanente y su obsesivo desprecio por la figura de Hillary Clinton han ganado una batalla que obligará tanto al Partido Republicano como al Demócrata, y también a todo Occidente, a preguntarse qué está ocurriendo realmente en las capas medias y bajas de nuestras sociedades desarrolladas para que el populismo vuelva a emerger como solución a la falta de credibilidad, confianza y certidumbre en la política clásica.

En cualquier caso, una vez que ocupe el despacho oval de la Casa Blanca, Trump tendrá que aterrizar necesariamente en el universo de la gestión real y el pragmatismo político, y dejar atrás la espectacularidad impostada de sus mítines y sus abusivos excesos ante los micrófonos. Si cumple lo prometido, los riesgos para Estados Unidos son evidentes: tendrá que plantear en breve una guerra comercial con China y México, imponiendo aranceles abusivos a la importación; aprobará la deportación masiva de inmigrantes indocumentados; provocará una auditoría en la Reserva Federal que puede añadir incertidumbre a los mercados e inestabilidad a las optimistas proyecciones de recuperación para Estados Unidos; renegociará los tratados basados en el libre comercio, probablemente aislando poco a poco a la economía norteamericana; y revocará el “Obamacare” por el gasto que representa este sistema de sanidad pública semi-universal que Barack Obama diseñó y no ha podido concluir.

Trump no representa el triunfo de un nuevo liderazgo, sino el fracaso del sistema anterior. Ahora, desde el Despacho Oval, lo razonable es una rectificación de los muchos excesos cometidos en la campaña, y la puesta en práctica de una política mucho más realista de lo que hasta ahora ha planteado para Estados Unidos. Trump debe dejar de ser sinónimo de regresión, conflictividad, desprecio y autoritarismo.

sábado, 5 de noviembre de 2016

el "affaire novia(Gaby)/CAMC no parece ser el único. porque hay demasiados chinos, nadie sabe cuántos, con mercadería ordinaria y metidos hasta con los militares, en las frágiles FFAA, se habla de cooperación nuclear, sostiene Lupe Cajías, al sosprenderse "demasiados chinos, demasiados rusos"

El 2017 Estados Unidos tendrá un nuevo presidente y seguramente recién el Gobierno plurinacional y su mal humorada Cancillería comprenderán que el país perdió una extraordinaria oportunidad de establecer plenas relaciones con un mandatario como Barack Obama. Será tarde, como nos sucede en esta atávica vocación de Sísifo.

Mientras, el aparato estatal privilegió las relaciones políticas y comerciales, militares y sociales, con dos regímenes ajenos a la tradición democrática y a los procesos de modernización en América Latina. Optó por la línea preferida por los neopopulismos que no lograron romper los desequilibrios externos ni sacar adelante al subcontinente, pese a un contexto comercial favorable.

Es curioso, pero mientras despotricaban contra el imperialismo que tanto daño hizo a los países al sur del Río Bravo, se echaron de brazos a otros históricos imperios, China y Rusia. José Martí, el gran patriota cubano y humanista latinoamericano, murió combatiendo al imperio que oprimía su patria, España, ya agonizante. Al mismo tiempo, aún refugiado en Nueva York alertaba sobre el nuevo “monstruo, al que conocía las entrañas”, ese Tío Caimán que ya daba dentelladas.

En cambio, Bolivia se fue de un yugo a otro muchísimo peor y no somos capaces de hacer marchas contra esas embajadas que ahora nos manejan. Hay demasiados chinos en el país, nadie sabe cuántos ni qué hacen. Hace una década se frustró un negociado con las visas para traer a miles de asiáticos, ahora llegan como políticos, como comerciantes, como gerentes o trabajadores de empresas que se apoderan palmo a palmo de la dinámica económica nacional.

Son pocos los productos chinos que tienen la calidad requerida, como los buses del Pumakatari (hasta el momento) o que no ahogan la producción nacional. Hábilmente Beijing invita a magistrados, quizá previendo futuros juicios y todos se van allá, igual que políticos y generales. Viene su canciller y no acepta preguntas de la prensa. Crece la deuda externa con el gigante asiático y las autoridades le agradecen sumisos. El affaire novia/CAMC no parece ser el único ¿Qué pasará en los próximos años?

Con Rusia el peligro es mucho mayor, porque llegan permanentemente delegaciones que se reúnen con el ministro de Defensa, con los militares, se introducen en las frágiles Fuerzas Armadas, hablan de cooperación nuclear… ¡Ay…! cómo ser tan ingenuos. No por nada, la premio nobel de literatura Svetlana Aleksiévich describe el horror que trae a los pueblos ese “hombre rojo” que todavía sigue ahí.